martes, 18 de agosto de 2009

LA MISIÓN MÁS IMPORTANTE



Bajo el cielo, a veces claro y despejado, a veces oscuro y tormentoso, transcurrimos nuestras vidas. Corriendo tras lo urgente, dejando tantas cosas para más adelante, para cuando "tengamos tiempo".

A veces paramos, y hasta nos preguntamos (con suerte) por el sentido de nuestra existencia, tal vez incluso por nuestra misión.

Y te digo, la misión más importante, la que hará la diferencia en el mundo, en este que según algunas profecías está terminando, es AMAR.

Simplemente AMAR. Amar a tu prójimo como a tí mismo (sí, no está mal amarse a uno mismo), amar a los que nos rodean, a aquellos que nos aman y también a los que no, amar a los que lo necesitan y también a aquellos que creen que no, amar con la pureza y la ternura de un niño, amar incondicionalmente, amar sin prejuicios, sin desconfianza, sin esperar nada a cambio, la forma más sublime del amor: el amor incondicional.

Por eso, sencillamente vé y ama, todos los seres lo necesitan aún sin saberlo o reconocerlo.

Enciende la luz de tu corazón para iluninar el de los otros con la llama del amor. Deja que esa chispa divina que hay en tí encuentre la luz divina en el corazón del otro, y comunicate desde ese lugar.

Abre tu corazón, tu alma, deja que brote el perfume del amor y espárcelo por cada rincón por el que pases, que la melodía de tu ser dance hasta alcanzar otras almas, sin diferencias, sin rencores, en la unidad de la fuerza más grande que nos ha sido dada: la del amor.

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